¿P’A QUÉ LAS PRISAS?
Han salido los resultados del informe PISA.
PISA, para quien no lo tenga ubicado, es ese estudio de la OCDE que cada cierto tiempo evalúa a chavales de 15 años para comprobar cómo se manejan con la lectura, las matemáticas y las ciencias.
Una especie de ITV educativa.
Y parece que esta vez hemos ido con una luz fundida, las ruedas lisas y rezando para que no miraran los gases… vamos, que nos la hemos pegao.
Especialmente preocupante es la comprensión lectora.
Y claro, ya ha empezado el diagnóstico habitual:
Los jóvenes no leen.
Todo el día con el móvil.
TikTok.
Las pantallas.
En mis tiempos…
Un momento.
¿Nosotros leemos?
Porque yo veo un artículo que pone «8 minutos de lectura» y busco a ver si está la peli.
Escuchamos los audios de WhatsApp a velocidad uno y medio. ¡Que parecemos Alvin y las Ardillas!
Saltamos la introducción de las series, adelantamos los vídeos y, si una página tarda cuatro segundos en cargar, pensamos que Internet se ha roto.
Hemos conseguido algo extraordinario:
tener acceso prácticamente instantáneo a todo el conocimiento de la humanidad…
y no tener tiempo para mirarlo.
Antes, cuando no entendías un texto, tenías que volver a leerlo.
Dos veces incluso.
Una barbaridad.
Pero claro, aquello era prácticamente la Edad Media.
Ahora recurres a ChatGPT:
«Resúmemelo»… «Más corto»… «Explícamelo fácil»… «Más fácil».
Hasta que El Quijote acaba siendo:
Un señor que de leer mucho se quedó gagá, se vino arriba y se fue de casa con un colega a farmear aura.
Y quizá el problema no sea que nuestros chavales sean menos inteligentes.
Quizá están aprendiendo perfectamente lo que les estamos enseñando.
Que todo tiene que ser rápido.
Fácil.
Inmediato.
Que cualquier cosa que requiera esfuerzo es porque está mal diseñada.
Y comprender no funciona así.
Comprender necesita tiempo.
Atención.
Volver atrás.
Dudar.
Pensar.
Y ahora debería explicar cómo solucionamos esto, pero llevo ya más de 300 palabras.
Así que mejor os lo resumo:
Nos estamos quedando sin paciencia.