Y TÚ, ¿CUÁNTO CUESTAS?
Donald Trump ha prometido 5.000 dólares a cada adulto estadounidense si los republicanos mantienen el control del Congreso en noviembre.
Y yo, cuando he leído la noticia, en lugar de pensar en política he pensado:
¿Yo cuánto cuesto?
¿Y tú?
¿Tú cuánto cuestas?
Porque sí, sí, todos tenemos principios… hasta que aparece una cantidad.
Por 20 euros haces poca cosa…bueno, depende del día del mes.
Por 50 puedes ir a cenar con alguien que te cae mal, aunque, bueno, eso ya lo hacemos gratis en Navidad.
¿Por 100 te pones una camiseta de tu rival en el fútbol?
Bueno…por 200, tampoco hay que regalarse.
Pero vamos subiendo.
Mil euros.
¿Cantarías en un karaoke completamente sobrio?
¿Dejarías que tu madre eligiera tu ropa durante un mes?
¿Le darías tu teléfono desbloqueado a tu pareja durante una hora?
Vale, acabo de descubrir una cantidad de dinero que no existe.
Cinco mil. La cosa cambia.
Por cinco mil euros ya no respondes tan rápido.
Empiezas con:
«Depende».
Y «depende» es una palabra maravillosa.
Es el chaleco salvavidas de los principios.
¿Te tatuarías el nombre de tu jefe?- Depende.
¿Pasarías una semana sin móvil?- Depende.
¿Publicarías tu historial de búsquedas?
Vale, ¡me tatúo!
Y nos reímos.
Pero la pregunta tiene bastante más mala leche de lo que parece.
Porque solemos pensar que venderse consiste en recibir un maletín lleno de billetes.
Y no.
Nos vendemos constantemente.
Cedemos nuestros datos a cambio de utilizar una aplicación.
Exponemos nuestra intimidad por unos cuantos seguidores.
Decimos que sí cuando queremos decir que no.
Nos callamos cosas para no meternos en jaleos.
Incluso defendemos ideas que no tenemos demasiado claras para seguir perteneciendo al grupo.
Y muchas veces ni siquiera hace falta dinero.
A algunos nos compran con reconocimiento.
A otros con poder o con atención o con un cargo o con un aplauso.
O simplemente diciéndonos lo que queremos escuchar.
Así que igual la pregunta no es si tenemos precio.
La pregunta es cuál.
Trump ha puesto 5.000 dólares encima de la mesa.
Y nos parece una barbaridad.
¡Ojo como los ponga Sánchez!