ESPAÑA SE DESINFLA
España tiene por fin un monumento que nos representa.
Una boya hinchable.
La instalaron en agosto en la frontera marítima de Ceuta con Marruecos.
Quinientos metros de barrera neumática.
Y mes y medio después…
se ha pinchado.
Es difícil encontrar una metáfora mejor de cómo gestionamos algunas cosas.
Tenemos un problema.
Lo inflamos.
Foto.
Rueda de prensa.
Titular.
Y a otra cosa.
Hasta que pierde aire.
Ahora parte de la barrera está desinflada y el Ministerio del Interior anuncia que prepara una solución permanente.
Ahora.
Porque aquí «provisional» no significa «hasta que encontremos una solución».
Significa «hasta que reviente».
Tenemos barracones provisionales, obras provisionales, reparaciones provisionales…
Hay cosas provisionales en España que ya deberían cotizar para la jubilación.
Y no, el problema no es que una boya se desinfle.
Está en el mar.
Hay corrientes, temporales, golpes…
Puede pasar.
Lo preocupante es intentar resolver provisionalmente problemas que llevan años llamando a la puerta.
Porque la frontera de Ceuta no apareció este verano.
El Tarajal tampoco.
Y ahora Interior anuncia que prolongará el espigón y sustituirá la barrera neumática por un sistema permanente.
Perfecto.
Pero entonces uno se pregunta:
¿para qué hemos tenido que esperar a que se desinfle?
Tenemos una administración extraordinariamente eficaz diciendo que va hacer cosas.
Se inunda: decimos que haremos obras.
Se quema: decimos que vamos a limpiar.
Se desinfla… pue eso.
Y luego nos extraña que la gente desconfíe.
No es antipolítica.
Es cansancio, hartazgo, hastío, es estar hasta el sombrero.
Porque aquí todo acaba perdiendo aire: las boyas, los planes y las promesas.
La diferencia es que a la boya, por lo menos, no la podemos acusar de mentir.
Era hinchable.
Ya avisaba.