¿FELIZ CUMPLEAÑOS?
Hoy cumplo años.
Y hay una cosa que me cansa de los cumpleaños.
La libertad que te dan, en concreto ninguna.
Porque el día de tu cumpleaños no puedes estar como te dé la gana, no.
Tienes que estar feliz.
Es obligatorio.
Puedes haber dormido fatal, tener dolor de espalda, tres facturas pendientes y ganas de mandar a la humanidad a pastar.
Da igual.
«¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS!!»
Y nada, tienes que fingir entusiasmo, porque como contestes simplemente con un «gracias» parece que estás atravesando algo.
Y luego llega la pregunta:
«¿Qué vas a hacer hoy?»
Pues hombre, es lunes, trabajar.
Comer.
Ir al baño.
No se, ¿lo habitual?.
Pues no, eso no vale.
El cumpleaños exige una programación especial.
Hay que cenar, brindar, soplar velas y pedir un deseo.
¿En serio?, un señor de cuarenta y tantos años, con el humor de estar a final de mes, delante de una tarta, cerrando los ojos para pedirle cositas al universo.
Eso lo haces cualquier otro martes y llaman a tu familia.
Y ojo con decir:
«A mí es que los cumpleaños me dan un poco igual».
Porque siempre aparece alguien:
«¡Pero, hombre, tienes que celebrar que estás vivo!»
¿Habrá expresión mas demagógica que esa?
También estaba vivo ayer y nadie me trajo una tarta.
Celebrar que estás vivo es como celebrar que el coche ha pasado la ITV.
Aunque bueno, la ITV sí que la celebra alguien.
El Estado, cada vez que la pagas.
Y es que ahora, encima, están las redes sociales.
El cumpleaños se ha convertido en una auditoría de popularidad.
Mensajes. Historias. Felicitaciones.
Y al final del día:
«¿Qué tal tu cumpleaños?»
Y tienes que decir:
«¡Genial!»
Porque parece que cumplir años y estar simplemente normal es de mala educación.
Así que sí, hoy es mi cumpleaños.
Estoy vivo, si, estoy bien y puedo seguir circulando.
ITV favorable.
Nos vemos el año que viene.
Bueno, si no se me enciende ningún “pilotito” antes, que a ciertas edades ya se sabe.