LA FOTO FIJA

Ayer, en Poecine, Iris nos hablaba de una película maravillosa: El 47.


Cuenta la historia de Manolo Vital, un conductor de autobús que decidió demostrar que el transporte público podía llegar a Torre Baró, un barrio de Barcelona construido con más necesidad que urbanismo.


Y mientras la escuchaba, pensaba en tantos barrios que nacieron así.


Barrios donde llegaron antes los vecinos que las aceras.


Donde las casas crecieron más deprisa que los servicios.


Y donde hubo gente que tuvo que pelear por cosas que otros daban por hechas.


Me acordé del Barrio del Cristo.


Un barrio que también tiene una historia que contar.


Hace unos días, Valencia Plaza publicaba un reportaje sobre el Barrio del Cristo.


Un retrato de su historia, de sus dificultades y de sus carencias.


Una fotografía fija, en la que, a mi juicio, no salía especialmente favorecido.


Yo vivo en el Barrio del Cristo desde hace más de veinte años y he jugado al fútbol allí desde que el balón era más grande que yo.


Así que quien haya hablado conmigo de esto sabe que no soy especialmente complaciente, soy bastante exigente.


¡Ojo! Exigente, no crítico.


Porque hay una diferencia entre ser crítico y ser exigente.


La crítica puede quedarse en señalar lo que falta.


La exigencia empieza precisamente ahí, pero no se conforma.


Busca soluciones.


Y el Barrio del Cristo necesita exigencia.


Como cualquier otro barrio, tampoco nos engañemos.


Pero también merece que se reconozca su evolución, sus cambios y todo lo que ha conseguido, que, créeme, no es poco.

Porque sería injusto hablar de sus problemas sin hablar de quienes levantaron sus casas.


De quienes abrieron sus negocios.


De quienes fundaron asociaciones y de quienes siguen trabajando para que su barrio sea un lugar mejor.


Porque en estos años también han pasado cosas.


Se han ampliado los servicios sociales.


Se ha puesto en marcha un centro de día para nuestros mayores.


Se han desarrollado recursos educativos, culturales y deportivos.


Y un barrio que durante décadas tuvo que pelear por lo más elemental, hoy tiene una realidad muy distinta a la de entonces.


Y te lo digo yo, habitual de sus instalaciones deportivas, de su balneario urbano y de los autobuses que no dejan de cubrir la carencia de metro con una reciente puesta en marcha de una linea lanzadera con el metro en Quart.


¿Que queda mucho por hacer?


¡Hombre claro!


Y no se trata de esconder las carencias.


Pero si de no permitir que las carencias escondan todo lo demás.


Porque un barrio no es una foto fija.


Es una película que lleva décadas rodándose.


Y sería bastante injusto juzgarla por un solo fotograma.


Sobre todo cuando quienes llevan toda la vida protagonizándola todavía tienen mucho que contar.