PAGAR POR VER

Ya sé por qué no llegamos a fin de mes.


Porque algunos están llegando con los pantalones por las rodillas.


Resulta que un estudio calcula que los españoles gastaremos este año cerca de 150 millones de euros en OnlyFans.


¡Ciento cincuenta millones!


Y atención, porque Valencia ocupa el segundo puesto de España en gasto proporcional.


¡Solo nos gana Bilbao!


Que ya tiene mérito, porque con el frío que hace allí, desnudarse debería considerarse deporte de riesgo.


¿Pero no estábamos en crisis?


Que si la hipoteca, que si la cesta de la compra, que si no llegamos a fin de mes…


¡Pues parece que algunos llegan en pelotas!


Y oye, estupendo, ¿eh?.


Cada uno que haga con su dinero lo que quiera.


El que quiera pagar por mirar, que pague.


El que quiera cobrar por enseñar, que cobre.


¡Sólo faltaría!


Pero es que estamos suscritos a todo, eso si.


A Netflix, a Spotify, al gimnasio… y encima no vamos.


¡Y ahora también al goloseo!


Tenemos aplicaciones para dormir, para despertarnos y para quitarnos el sueño.


Y todas cobran.


Antes, para ver a alguien desnudo, tenías que ducharte, perfumarte, salir, invitar a una copa, hacerte el interesante, dar conversación…


Y la mayoría de veces volver solo a casa.


Ahora puedes conseguirlo desde el sofá.


Sin copa, sin conversación y ¡sin ducharte!.


Pero hay algo curioso.


En estas plataformas también puedes pagar por recibir mensajes, por sentir que alguien te presta atención.


Y poca broma con eso.


Porque podemos comprar entretenimiento, placer e incluso una conversación.


Pero no podemos comprar que alguien nos quiera.


Y quizá deberíamos prestar más atención a quienes tenemos cerca.


Porque manda narices que paguemos veinte pavos para que un desconocido o desconocida nos diga «hola, cariño»…


Mientras llevamos tres días sin preguntarle a nuestra pareja cómo le ha ido el día.


Y eso sí que es para quedarse en pelotas… o sin ellas.