BUITRES
Hace cuatro años, cuando empecé La Tramoya, llegaron clientes.
Y ocurrió una de esas cosas bonitas que a veces trae el trabajo.
Algunos dejaron de ser clientes y hoy son amigos.
He conocido a sus familias. He visto crecer sus negocios, sus problemas, sus días buenos y sus días de mierda.
Los he visto trabajar.
Preocuparse por pagar nóminas.
Invertir su tiempo y arriesgar su dinero.
Varios se dedican al sector inmobiliario.
Y estos días los miro y me duele.
Y eso no es demagogia, lo digo de corazón.
Porque ahora resulta que mis amigos son buitres.
¿Buitres?, ¿Animales carroñeros?.
Bien, hablemos de carroña por que conozco una especie bastante más especializada.
La política, perdón, los políticos. No confundamos.
Porque esto ya lo he visto y tu también, haz memoria.
Las cajas de ahorros.
La política entró hasta la cocina, ocupó consejos, repartió poder, las desplumó.
Y cuando aquello reventó, la política necesitó entregar un culpable.
¿A quién?
Al banquero.
Antes llegaron las constructoras.
Y ahí estaba yo, yo lo vi y lo sufrí.
Vi recalificaciones, adjudicaciones y una relación obscena entre dinero y poder que acabó llenando juzgados.
Y cuando explotó la burbuja…
¡Los constructores!
Y ahora toca la vivienda.
Y qué casualidad.
Otra vez quienes llevan décadas legislando, regulando, prometiendo y gobernando han encontrado al culpable.
¡Las inmobiliarias!
Y ya estaría, ¿no?.
Porque detrás de la palabra buitres están mis amigos.
Personas decentes, personas trabajadoras que no han desahuciado a Maricarmen.
Que no han diseñado las políticas de vivienda.
Y que no tienen por que pagar la fiesta ahora que se termina.
Pero ojo, no caigamos en el error de exculparnos nosotros, no olvidemos que la responsabilidad es nuestra y no de ellos.
Dejemos de ponérselo tan fácil de una puñetera vez. Que no te engañen.
Dejemos de tragarnos el culpable que nos ponen cada mañana encima de la mesa para esconder ellos sus vergüenzas.
Dejemos de odiar por encargo.
Y analicemos primero al dedo que señala antes de condenar al señalado.
Porque quizá llevamos demasiado tiempo persiguiendo el dedo equivocado.
Quédate con esta idea:
El buitre espera a que alguien muera para alimentarse de él.
El político común, ni siquiera espera.