CÁMARA LENTA

He jugado al fútbol sala prácticamente toda mi vida, mal, pero lo he jugado.

Y si algo he aprendido es que, cuando estás dentro de una pista, las cosas no suceden como las vemos desde el sofá.


Un balón dividido, una entrada a destiempo, un choque…


A veces te lanzas a por una pelota sin pensar demasiado en cómo vas a llegar.


Porque estás compitiendo, porque quieres ganar y porque llevas toda la vida aprendiendo a no dar un balón por perdido.


Y porque hay decisiones que no se toman. Simplemente se ejecutan.


Hoy el fútbol está de luto por la muerte de un futbolista. Jesús de Miguel.


Una tragedia terrible. Una vida que se termina demasiado pronto y una familia que tendrá que aprender a convivir con una ausencia que nada podrá compensar.


Y quiero dejar algo muy claro antes de continuar.


No pretendo comparar el sufrimiento de nadie.


Aquí hay una víctima que ha perdido la vida y una familia que ha sufrido una pérdida irreparable.


Pero creo que, a veces, para comprender lo que ocurre, es necesario hacer algo incómodo.


Ponernos en los dos extremos de una misma historia.


Porque personalmente, yo no puedo evitar pensar también en el otro jugador.


No sé qué responsabilidad pudo tener. Ni cómo estará viviendo lo ocurrido.


Pero sí sé lo que significa disputar un balón dentro de un campo.


Y hay una diferencia enorme entre vivir una jugada y verla después.


Nosotros podemos repetirla veinte veces.


Pararla, ampliarla, analizarla desde cinco cámaras y debatirla a toro pasado.


Y tranquilamente sentenciar lo que debería haber hecho en una fracción de segundo.




Pero dentro del campo no hay repeticiones.


No hay cámara lenta.


Y mucho menos tiempo para consultar las consecuencias de lo que estás a punto de hacer.


Y eso no significa que no pueda existir una imprudencia, de hecho en mi opinión existe.


Y Owono deberá que asumir las responsabilidades correspondientes, por supuesto.


Pero comprender las circunstancias de una acción no significa justificarla.


Y quizá deberíamos recordar que una cosa es ser responsable de lo que haces y otra muy distinta haber deseado sus consecuencias.


Porque nosotros podemos repetir aquella jugada todas las veces que queramos.


Pero quienes estaban allí solo tuvieron una oportunidad de vivirla.


Por desgracia Jesus de Miguel por última vez.