CONSTRUIR O DESTRUIR
Qué facilidad tenemos para ponernos de acuerdo cuando se trata de estar en contra de algo.
Nos cuesta decidir dónde vamos a cenar cuatro amigos, pero para encontrar un enemigo común nos organizamos en un momento.
Y estos días Europa nos está dejando imágenes que invitan a reflexionar.
Miles de personas saliendo a las calles para protestar.
Y entre ellas, algunos que han decidido que la mejor manera de defender sus derechos es pisotear los de los demás.
Contenedores ardiendo, escaparates destrozados, enfrentamientos…
Y cuidado.
Que protestar es necesario.
Que muchas de las libertades que disfrutamos hoy nacieron precisamente de gente que decidió dejar de quedarse callada.
Pero una cosa es levantar la voz y otra lanzarse adoquines.
Y mientras unos utilizan las calles para expresar su rabia, este fin de semana, en Valencia, otras personas se reunirán alrededor de un escenario y también por rabia.
Un concierto para dar visibilidad a la ELA.
Músicos, organizadores y ciudadanos que han decidido hacer algo ante una realidad que también les indigna, que también les da rabia.
Y fíjate qué curioso.
Dos maneras de reaccionar ante aquello que nos duele.
Unos destruyen.
Otros construyen.
Aunque tampoco nos engañemos.
La solidaridad no debería convertirse en la obligación de que el pueblo tenga que salvar constantemente al pueblo.
Porque ayudar es admirable.
Pero necesitar que alguien venga siempre al rescate debería hacernos reflexionar.
Y quizá ahí esté la cuestión.
Que tenemos una capacidad extraordinaria para movilizarnos contra algo.
Los de derechas contra los de izquierdas.
Los del Barça contra los del Madrid.
Los hombres contra las mujeres…
Pero nos cuesta muchísimo más mantenernos unidos a favor de algo.
Para levantar una barricada basta con ponerse de acuerdo sobre lo que queremos impedir.
Para construir un puente tenemos que ponernos de acuerdo sobre adónde queremos llegar.
Y eso exige algo más que rabia.
Exige compromiso, análisis y sacrificio.
Y de eso, lo siento, pero no vamos sobrados, a la vista esta.
Porque destruir puede llevar unos segundos.
Construir algo que merezca la pena lleva mucho más tiempo.
Y digo yo:
Si somos capaces de juntarnos para mandar algo a la mierda…
¿Por qué nos cuesta tanto juntarnos para sacarlo de ella?