CUESTIÓN DE CONFIANZA
Esta mañana, como cada mañana, miles de personas han salido de sus casas.
Han besado a sus hijos, se han despedido de sus parejas, han cogido las llaves y han cerrado la puerta.
Sin pensar que algo pudiera salir mal.
Porque cuando subimos a un tren, cruzamos un puente o circulamos por una carretera, hacemos algo que ni siquiera nos planteamos.
Confiamos.
Confiamos en que alguien ha revisado las vías.
En que alguien ha comprobado los puentes.
En que alguien está haciendo su trabajo.
Y hoy, después de lo ocurrido con ese tren, volvemos a sentir esa terrible fragilidad.
Mañana se cumplen dos años de la DANA.
Dos años.
Y todavía hay familias que siguen intentando reconstruir algo que jamás podrán recuperar.
Pero es que además, prácticamente ninguna infraestructura imprescindible para evitar que se repitan los daños ha comenzado aun.
Y eso es espeluznante.
Pero antes de entrar en la típica batallita política y ruin, yo al menos, me niego a olvidar que detrás de cada cifra había una persona.
Una vida.
Una familia que confiaba en volver a encontrarse al terminar el día.
Las infraestructuras no se deterioran en cuatro años. Ni en ocho.
Son décadas de decisiones, de prioridades, de gobiernos de distintos colores que han tenido en sus manos la responsabilidad de cuidarlas… y paradójicamente cada año con mayor recaudación en impuestos que el anterior y batiendo récords.
Y no estoy dispuesto a aceptar que la culpa sea siempre del anterior, al menos no sólo del anterior.
Porque gobernar no consiste únicamente en inaugurar lo nuevo.
Consiste también en cuidar lo que ya tenemos.
Aunque no haya cámaras.
Aunque no se corten cintas.
Aunque nadie vaya a darte las gracias.
No sabemos cuándo llegará la próxima tragedia.
Lo que si podemos intuir es que no estaremos preparados.
Nadie debería salir de su casa confiando en que todo está bien, si quienes tienen la obligación de comprobarlo no han hecho todo lo que estaba en sus manos.
Porque nosotros ponemos la confianza.
Y a ellos les corresponde la responsabilidad.
Y cuando esa confianza se rompe, hay cosas que ya no se pueden reparar.