ES-ALERT

Esta mañana ha sonado el móvil.


PIIIIIIIIIIIII.


ES-ALERT.


Riesgo extremo por lluvias. Eviten desplazamientos.


Y muchos hemos hecho lo mismo.


Mirar por la ventana.


«Pues aquí no llueve».


Después el radar, la aplicación del tiempo, Windy…WhatsApp.


Y finalmente algún cuñado quede chaval recogía naranja en verano y se atribuye el conocimiento sobre la metodología de un hombre de campo y te dice: 


«No, no, eso no cae aquí, se va para el mar».


Y esto sería gracioso si no fuera tremendamente serio.


Porque estamos en Valencia y aquí deberíamos estar escarmentados.


Sabemos perfectamente que una alerta puede ser la diferencia entre llegar a tiempo o llegar tarde.


Y aun así suena el teléfono y dudamos.


¿Por qué?


Porque la Administración lleva años prostituyendo la información.


Si el dato conviene, es ciencia, si molesta, propaganda.


Y si gobiernan los míos, prudencia, si gobiernan los tuyos, negligencia.


Han hecho ideología hasta con el parte meteorológico.


Y ahora suena una alarma de emergencia, y no les creemos.


Una alerta, una inundación, un incendio o una pandemia acaba pasando por la trituradora ideológica hasta que cada uno recibe una realidad diferente dependiendo del periódico que lea o del político al que escuche.


Y después pretenden que distingamos perfectamente cuándo termina la propaganda y empieza la información que puede salvarnos la vida.


Pues no funciona así, la confianza también se gasta.


Y cuando llevas años enseñando al ciudadano que detrás de cada dato puede haber un interés, consigues algo peligrosísimo:


que también dude cuando no debería hacerlo.


Porque hoy la alerta puede estar perfectamente justificada.


Es más: ojalá se equivoque.


Ojalá no llueva.


Ojalá mañana podamos hacer chistes con el ES-Alert.


Pero una alerta meteorológica no promete que vaya a llover encima de tu casa.


Advierte de un riesgo.


Y aquí, precisamente aquí, deberíamos haber aprendido que con determinados riesgos no se juega.


El problema es que para que una alarma funcione hacen falta dos cosas.


Que alguien la mande.


Y que alguien se la crea.


Para lo primero tenemos satélites, radares, protocolos y millones de teléfonos.


Para lo segundo hace falta confianza.


Y esa no se descarga de ninguna aplicación.


Se construye durante años.


Se destruye haciendo política con absolutamente todo.


Y quizá por eso esta mañana, cuando la Administración nos ha dicho:


«Cuidado».


demasiados hemos contestado:


«Si, ya…lo de siempre».