Poco pan y muchas tortas


Antes ibas a comprar pan y comprabas pan.


No había mucho más misterio.


Entrabas en la panadería, decías:


—Una barra.


Y salías con una barra.


Fin de la operación.


No había debate interior, ni crisis existencial, ni sensación de estar tomando una decisión que pudiera marcar tu destino de la humanidad.


Ahora entras en una panadería y parece que estás eligiendo a la madre de tus hijos.


—¿La quiere de masa madre, espelta, centeno, semillas, multicereal, integral, cristal, rústica, ecológica, de autor o fermentada lentamente por un señor con barba que escucha jazz?


Y tú solo querías pan, ¡pan!, para mojar en el huevo frito.


¿Huevos?. 


¿De granja, camperos, de gallinas en libertad…biológicos?


Nos vendieron que tener muchas opciones era libertad.


Y a veces lo es, claro.


Pero otras veces es una trampa con etiqueta bonita.


Porque elegir tanto cansa.


Pasa con el pan, pasa con el café, pasa con la tele.


Antes había dos canales.


Si no te gustaba el 1, 2, 3, te aguantabas, hablabas con tu familia o te ibas a la cama.


Ahora tenemos plataformas, catálogos infinitos, series coreanas, documentales de asesinos, películas suecas de gente mirando por una ventana y programas de reformas en casas donde nunca vive nadie pobre.


Y aun así tardamos cuarenta minutos en elegir algo.


Para acabar viendo otra vez un capítulo repetido, de verdad, yo en el último año e visto con mis hijos El Principe de Bel air, Aída o la familia Mata entre otros.


La abundancia nos ha vuelto torpes.


Hay tantas opciones que cada elección viene con remordimiento por si eligiendo nos hemos dejado algo mejor.


Antes había menos.


Y no digo que todo fuera mejor, pero había menos ruido y menos ansiedad por acertar.


Y entonces llegamos a la política.


Porque ahí también nos dijeron que tener muchas opciones era buenísimo y así debería ser.


Pero hemos acabado con partidos, subpartidos, marcas blancas, plataformas, confluencias, coaliciones, corrientes internas, líderes provisionales, candidatos reciclados y gente que cambia tanto de posición que no sabes si votarle o pedirle que se siente y beba agua.


Antes al menos sabías de qué pie cojeaba cada uno.


Ahora muchos cojean de los dos, pero lo llaman transversalidad.


La política se ha convertido en una panadería moderna: todo tiene nombre bonito, envoltorio cuidado y pinta de haber sido amasado con valores.


Pero luego lo partes y descubres que está hueco, duro y hecho con la misma harina de siempre.


Igual la felicidad no era tenerlo todo quizá no era necesario tener tantas opciones para todo. 


Así que no se tu, pero yo cada vez tengo mas claro que con la “excusa” de la libertad llevamos años pidiendo pan, pero lo único que nos caen son tortas.