SEPTIEMBRE

Yo fui un mal estudiante.


Tampoco voy a entrar en detalles, pero digamos que entre el sistema educativo y yo no había lo que se dice “feeling”.


Era inconstante, me distraía con facilidad y tenía esa extraordinaria capacidad para empezar a estudiar justo cuando ya no quedaba tiempo suficiente para estudiar. En el mejor de los casos.


Pero había algo curioso.


En septiembre tenía ganas de empezar el curso.


Y no termino de entender por qué.


Me alucinaba estrenar mochila, estuche, cuadernos, libros…


Sobre todo los libros.


Tengo la teoría de que aquel olor a tinta de los libros nuevos puede ser la causa de mi enajenación mental transitoria.


El caso es que durante unos días yo también era nuevo.


Todavía no había suspendido nada.


No había olvidado ningún trabajo, ni se lo “había comido mi perro”.


Aún no había llegado tarde ningún día.


En septiembre todavía podía conseguir ser un buen estudiante.


Hubo cursos que llegué hasta creérmelo.


Luego empezaban las clases y se aclaraba el malentendido.


Pero, oye, durante unos días existía esa posibilidad.


Y creo que por eso septiembre sigue teniendo algo especial incluso cuando ya no tienes que volver al colegio.


Porque septiembre nos devuelve, aunque sea durante un rato, la sensación de que podemos estrenar una nueva vida.


Nos apuntamos al gimnasio, compramos una agenda, prometemos comer mejor, gastar menos, leer más, aprovechar el tiempo…


Cambiamos el estuche por una cuota mensual y seguimos siendo exactamente aquellos niños estrenando mochila.


Convencidos de que esta vez sí.


Que este curso vamos a hacerlo bien.


Luego llega octubre.


Y se aclara el malentendido.


Porque con los años descubres que empezar de cero es bastante más complicado que comprarse una agenda nueva.


Podemos cambiar los horarios, apuntarnos al gimnasio, ordenar los cajones o comprarnos unas zapatillas que parecen diseñadas por la NASA.


Pero hay algo que no estrenamos.


A nosotros mismos.


La mochila puede ser nueva.


Pero la chepa con la que la cargamos sigue siendo la nuestra.


Hoy nosotros también volvemos a clase.


Empieza una nueva temporada de La Tramoya.


Y reconozco que tengo un poco aquella misma sensación.


Pero esta vez, no habrá malos entendidos, ya verás.